CAJITA, EL DESCUARTIZADOR SALVADOR DE HAITIANOS. De un Anecdotario Carcelario.
Cajita es el sobrenombre del autor del crimen común mas sonado que se conoció hasta ese momento en la República Dominicana.
Su crimen consistió en invitar a un compañero de estudio a su casa, matarlo, y luego descuartizarlo.
El sobrenombre fue a causa de que al querer botar en el mar los restos de su amigo y que había colocado en una caja que montó en una bicicleta, en el trayecto se topó con una patrulla policial y al querer huir, la caja se cayo desparramando los restos quedando él en evidencia.
En el juicio y a una pregunta del juez, contestó que quería conocer el cuerpo por dentro, qué se había tomado unos tragos y se "alocó". Por ese crimen fue condenado a la pena máxima.
Cuando llegué al penal él era ya un recluso de varios años, era una especie de leyenda, con varias fugas, historias violentas y conflictos en la Victoria, famosa cárcel Dominicana. De baja estatura y accionar algo nervioso y de instintos psicopáticos, una especie de poder temido por todo recluso.
Lo conocí al estar en el pabellón situado frente al suyo donde él tenía un colmadito, privilegio que solo otorgan los años de cárcel. El aroma de una torta o arepa de maíz que preparaba me llamó la atención y me hice un cliente diario mañanero y al mismo tiempo un breve conversador, Cajita era de pocas palabras.
Tenía a la vista una especie de botiquín con algodón, potes y unos envases parecidos a inyecciones, lo que me motivó a preguntarle si estudio medicina, Me respondió que solo dos semestres pero que siguió estudiando en la cárcel.
En mi pabellón, justo a mi frente, estaban siete Haitianos siempre en el suelo, uno de ellos se veía en mal estado con los ojos infectados, y uno de sus compañeros me dijo: que casi estaba perdiendo la vista y cuando iban al hospital de la penitenciaria solo le daban dos o tres aspirinas, alegaban no tener antibióticos. Empeoraba a cada momento y de noche no podía contener los quejidos, el resultado era previsible.
A la siguiente mañana se me ocurrió comentar el caso con Cajita, así que le dije que un Haitiano estaba muriendo y que él podía hacer algo para ayudarlo, Me respondió con improperios sobre ellos, me señaló que fue infectado por unos que estuvieron en su celda y los sacó a palos. Emitió unos epítetos muy agresivos sobre esa nacionalidad, no obstante, cuando me retire le expresé: — En toda la victoria tu eres el único que puede salvarlo". Me miró de reojo y me fui creyendo que lo había dejado pensando.
Eran como las 7.30 de esa mañana, y mas tarde uno de sus sicarios me visita diciéndome que Cajita quería verme. Cuando llego a su lugar me dice en tono tajante, —¡Trae al hombre, tu eres responsable, lo hago por ti!
Le expliqué a los Haitianos la situación y vaya sorpresa, pusieron el grito al cielo diciendo que ya él los había agredido y maltratado, y que sería una imprudencia y un riesgo caer en las manos de ese hombre. Les expliqué que no había otra salida, solo la ceguera o la muerte y que a veces hay que correr el riesgo. Les hablé con la certeza de que Cajita actuaría de buena fe.
Al fin se decidieron, cargaron el enfermo y allá fuimos todos. Al llegar caja dijo que se bajara los pantalones y se acostara en la cama, sacó una jeringuilla cuyo tamaño me dio escalofríos, imagínense al enfermo. Preparó una disolución no se de que, el hombre estaba temblando y le pedí que se relajara y pusiera los músculos blandos, al Cajita inyectarlo se oyó un quejido como salido de ultratumba, luego le señaló que se quedara un rato en la cama.
En ese momento algo me flaqueó, pues pensé: ¿y que estoy haciendo?. Era un muchacho y el panorama se me presentó algo turbio. Nos retiramos y la espera me hizo olvidar la cárcel, creo que entré y salí del pabellón como 50 veces y fumé como dos cajas de cigarros. Eran la duda y la osadía juntas, luchando a ver cual se imponía.
Ya cerradas las puertas, alguien me dijo ¡ dice Cajita que se coloque aquí !, me señaló un sitio y a través de los barrotes él colocó en el suelo un pote y lo empujo con un palo hasta donde lo podía alcanzar y me dijo: "que se lo beba todo". Al otro día temprano repitió la misma operación.
Eran horas de la tarde y vi al hombre sentado, aturdido, pero lo vi mas vivo o eso quise ver.
Al tercer día cerca del atardecer, vi al hombre de pie y sus cómpas algo asombrados y felices. Se acercaron a darme las gracias y les dije: —Es a Cajita a quien deben agradecer, y que yo solo fui un intermediario. Así lo hicieron, luego me acerque a caja y lo elogié, (creo que soy bueno en eso, en responder un acto de humanidad y mas en estas circunstancias). El no supo el peso que me quitó de encima el resultado feliz, los interrogatorios policiales no fueron nada comparado con aquella espera del desenlace final.
De ahí en adelante nuestra amistad tomó otro giro, hubo mas confianza e incluso Cajita tenía la potestad de llamar un carcelero para abrir la puerta aun después de cerradas y salir al patio a correr y ejercitarse y pienso, sentirse dueño de todo. A veces me invitaba a que lo acompañara y el carcelero me abría la puerta.
Allí en el patio hablábamos de política, de gobiernos, de sobre-vivencias, fugas, pues el recluso que espera un buen tiempo de cárcel si no habla o piensa en fugas no es un preso, sino un turista haciendo el papel de recluso.
Cajita incluso se ofreció para ser receptor de mensajes entre los cómpas del área del hospital y los que permanecíamos en los pabellones. Mas adelante logré que él fuera el responsable de facilitar la compra quincenal para los compañeros.
El cambio de Cajita pienso que se debió a que nunca la vida le había presentado la oportunidad de hacer algo parecido, aun fuera una simple inyección, pues lo que importa son los resultados y lo calculó todo y lo hizo con buena fe y respeto.
p.d.
En una calle de Santo Domingo, luego de estar libres, me encontré con uno de los 7 haitianos, él se dedicaba a ofrecer servicios a domicilio, me reconoció y hablamos, le pedí noticias de sus compañeros y me relató que todos eran combatientes contra la dictadura de Duvalier, y que en aquella ocasión fueron emboscados, lo que les obligó a pasar a territorio Dominicano donde fueron apresados.
Al salir de la cárcel se organizaron de nuevo y cruzaron armados a seguir la lucha en Haití, (menos el, pues enfermó) y antes de transcurrir dos meses fueron muertos por los militares haitianos, me dijo que el hombre del problema de salud era su comandante.
domingo, 26 de julio de 2015
jueves, 16 de julio de 2015
La Hambruna.
Eres arrogante, famosa y universal.
Tú nombre
retumba en las conciencias
hieres los cuerpos como dagas múltiples.
Eres el resultado, de ambiciones sin fin
y conflictos eternos
que horadan la humanidad
como un proyectil al inocente.
La miseria como madre te acogió,
eres su fundamento y razón de ser.
¡Qué gran honor!
Terrible holocausto de carencias,
de dolor y flagelos.
Avasallas la humanidad sin hacer mucho esfuerzo,
solo necesitas un campo fértil
para esa iniquidad.
Al ser abstracta, te libras de la muerte
claro, la potestad la ejerces tú.
Los poderosos permanecen libres
de tu descomunal poder
no temen tu ira y con razón
su bonanza los protege, de tu cruel accionar.
¿Pero, eso,te conforta?
Eres arrogante, famosa y universal.
Tú nombre
retumba en las conciencias
hieres los cuerpos como dagas múltiples.
Eres el resultado, de ambiciones sin fin
y conflictos eternos
que horadan la humanidad
como un proyectil al inocente.
La miseria como madre te acogió,
eres su fundamento y razón de ser.
¡Qué gran honor!
Terrible holocausto de carencias,
de dolor y flagelos.
Avasallas la humanidad sin hacer mucho esfuerzo,
solo necesitas un campo fértil
para esa iniquidad.
Al ser abstracta, te libras de la muerte
claro, la potestad la ejerces tú.
Los poderosos permanecen libres
de tu descomunal poder
no temen tu ira y con razón
su bonanza los protege, de tu cruel accionar.
¿Pero, eso,te conforta?
domingo, 12 de julio de 2015
POEMA A
UNA BALA.
Sola y desnuda viajas
libre
por el espacio
a velocidades irreales,
en espera de contactos que suplan tu soledad.
Tu silbido trágico es la canción fúnebre
de un vampiro en vuelo en busca de alimento
para saciar codicias de otros
a tu espalda.
Manipulada eres
sin concesión alguna.
Un ave indefensa sin voluntad,
sin decisión.
Tu éxito depende
del talento criminal del experto
en blancos
y negros augurios.
Te conozco
puedo dar fe de tu beso ardiente
o, quizás fue un aviso para el acto final
y no
tendrás
la culpa.
UNA BALA.
Sola y desnuda viajas
libre
por el espacio
a velocidades irreales,
en espera de contactos que suplan tu soledad.
Tu silbido trágico es la canción fúnebre
de un vampiro en vuelo en busca de alimento
para saciar codicias de otros
a tu espalda.
Manipulada eres
sin concesión alguna.
Un ave indefensa sin voluntad,
sin decisión.
Tu éxito depende
del talento criminal del experto
en blancos
y negros augurios.
Te conozco
puedo dar fe de tu beso ardiente
o, quizás fue un aviso para el acto final
y no
tendrás
la culpa.
martes, 7 de julio de 2015
La niña que me mandó a estudiar a John Nash, De un Anecdotario Pedagógico.
La niña que me mandó a estudiar a John Nash.
De un anecdotario pedagógico.
Elisa era una niña de 8 años alumna de un taller de artes y alfarería de un centro de educación especial . De semblante algo nostálgico, tranquila y muy adaptada a las tareas del taller, en varias ocasiones se le escuchaba manifestar rechazo a ciertas molestias mientras laboraba, " no molestes , ahora no, estoy trabajando", como estos roces entre los alumnos eran cotidianos, no les daba mucha importancia.
En una ocasión y en hora de merienda, momentos que yo aprovechaba para descansar, estaba sentado en el patio de la escuela, no muy a la vista, vi llegar a Elisa con un envase en dirección al lavadero en procura de agua, llegó murmurando algo, como hablando consigo misma .Tomó su envase ya con agua y se dispuso a retirarse, en el camino la ponchera le brincó de sus manos y se desparramó su contenido al tiempo que dijo:
—Ves, me botaste el agua, ahora tengo que volver, no juegues así, si vuelves no te hablo. La niña regreso de nuevo a tomar su agua, siguió murmurando y le oigo decir:
— Esta bien, en la tarde te digo, pero en casa. Todo esto con mucha naturalidad, pero el brinco del envase de las manos me dejo sorprendido.
Esta experiencia me indujo a dar seguimiento a Elisa, ademas de la inquietud personal sobre todo aquello que se sale de lo cotidiano.
Discretamente hablé con los demás profesores sin mencionar esta vivencia, una compañera me dijo en tono algo de broma, que la niña ve duendes pero su madre lo niega y dice que ella es así. Esto no me sorprendió conociendo la actitud de la mayoría de los padres y madres de estos jóvenes.
Pude palpar de cerca las conversaciones de esta niña con sus "duendes". Eran intercambios de palabras en variados tonos, a veces muy amigables otras un poco áridos o muy serios pero siempre con una naturalidad que espantaba.
Tenía conocimientos generales sobre alucinaciones y del caso del premio nobel John Nash. Trate de conseguir toda la información relacionada con este tema tan poco usual y me preguntaba y era mi mayor inquietud; las formas de manifestarse este fenómeno, se que de forma visual y auditiva pues los intercambios de palabras y ademanes así lo indicaban, pero ese brinco del envase de las manos como obra de una energía externa..., todavía sigo buscando información.
Me preguntaba y todavía lo hago; si la energía desatada en estos casos se puede materializar fuera de la mente de las personas que atraviesan por esta situación.
De un anecdotario pedagógico.
Elisa era una niña de 8 años alumna de un taller de artes y alfarería de un centro de educación especial . De semblante algo nostálgico, tranquila y muy adaptada a las tareas del taller, en varias ocasiones se le escuchaba manifestar rechazo a ciertas molestias mientras laboraba, " no molestes , ahora no, estoy trabajando", como estos roces entre los alumnos eran cotidianos, no les daba mucha importancia.
En una ocasión y en hora de merienda, momentos que yo aprovechaba para descansar, estaba sentado en el patio de la escuela, no muy a la vista, vi llegar a Elisa con un envase en dirección al lavadero en procura de agua, llegó murmurando algo, como hablando consigo misma .Tomó su envase ya con agua y se dispuso a retirarse, en el camino la ponchera le brincó de sus manos y se desparramó su contenido al tiempo que dijo:
—Ves, me botaste el agua, ahora tengo que volver, no juegues así, si vuelves no te hablo. La niña regreso de nuevo a tomar su agua, siguió murmurando y le oigo decir:
— Esta bien, en la tarde te digo, pero en casa. Todo esto con mucha naturalidad, pero el brinco del envase de las manos me dejo sorprendido.
Esta experiencia me indujo a dar seguimiento a Elisa, ademas de la inquietud personal sobre todo aquello que se sale de lo cotidiano.
Discretamente hablé con los demás profesores sin mencionar esta vivencia, una compañera me dijo en tono algo de broma, que la niña ve duendes pero su madre lo niega y dice que ella es así. Esto no me sorprendió conociendo la actitud de la mayoría de los padres y madres de estos jóvenes.
Pude palpar de cerca las conversaciones de esta niña con sus "duendes". Eran intercambios de palabras en variados tonos, a veces muy amigables otras un poco áridos o muy serios pero siempre con una naturalidad que espantaba.
Tenía conocimientos generales sobre alucinaciones y del caso del premio nobel John Nash. Trate de conseguir toda la información relacionada con este tema tan poco usual y me preguntaba y era mi mayor inquietud; las formas de manifestarse este fenómeno, se que de forma visual y auditiva pues los intercambios de palabras y ademanes así lo indicaban, pero ese brinco del envase de las manos como obra de una energía externa..., todavía sigo buscando información.
Me preguntaba y todavía lo hago; si la energía desatada en estos casos se puede materializar fuera de la mente de las personas que atraviesan por esta situación.
El viejo que no sabía que lo era. De un anecdotario carcelario.
Anastasio era un campesino neto, de carácter rígido, recluido desde unos 8 años de unos 75 a 78 años pero con una apariencia y energía de unos 50 era un buen hombre, victima de las circunstancias y de las enemistades entre diferentes familias, conflictos que son recurrentes en los campos de la República Dominicana, estos choques dejan en ocasiones un saldo muy alto entre muertos y heridos.
El hombre era muy orgulloso y se ofendía con facilidad, portaba siempre un garrotico al cinto. Era respondón pero no provocador.
Una tarde en que llegaron al pabellón presos nuevos discutió con uno de ellos, un joven arrogante que lo insultó y provocó que se fueran a los puños. A los pocos minutos del encuentro Anastasio cae al suelo, se levanta y continua en su afán de someter al joven, vuelve a caer, el orgullo lo levanta medio aturdido y a pesar de llamados de que dejara eso hace caso omiso y por tercera vez cae al suelo. Esta vez le da trabajo ponerse de pie y comprende que no puede seguir. Abandona el desigual combate y se retira con su orgullo herido ( lo imagino con sus pensamientos vueltos un desastre). Mientras el joven, muy orondo, celebra su triunfo y emite epítetos burlones y ofensivos.
Me pareció ver al viejo llorando no de dolor pero si porque se había dado cuenta de que el hombre es como la arcilla que las manos del tiempo lo van moldeando a su antojo.
Desde ese momento no lo perdí de vista, me intrigó saber como se iba a manejar.
Al otro día y al abrirse las puertas de los pabellones, Anastasio se dirigió con pasos rápidos hacia el pasillo en dirección al patio, se detuvo en la puerta y observo como un águila todo el panorama, de repente fue hacia el portón que divide el patio del área de salida,( lugar siempre colmado de reclusos en espera de familiares o noticias, ademas de ser un buen sitio para soñar despierto o torturarse ) penetro en el grupo y de inmediato se retiro presuroso, en ese momento se armo un gran alboroto y luego unos camilleros llevaron un hombre herido hacia el hospital, este era el joven que había plantado al viejo, la sangre le brotaba de la cabeza a causa de dos garrotazos.
Luego de unos días en solitaria como castigo,visito a Anastasio y le pregunto: —¿ Como esta?
—A mi nadie me había humillado, fue un pleito justo pero después ese tigre se burlo de mi, no actuó con humildad ni por que yo era un viejo. No me podía quedar con esa.
Vi que Anastasio recupero algo de su prestigio, no de una manera convencional pero lo mas importante es que comprendió: que la vida no es horizontal, que esta cambia de curso y hay que ir adaptándose a ella sin perder la dignidad pues quienes no lo hacen deben sufrir bastante y eso es demasiado sacrificio.
Anastasio era un campesino neto, de carácter rígido, recluido desde unos 8 años de unos 75 a 78 años pero con una apariencia y energía de unos 50 era un buen hombre, victima de las circunstancias y de las enemistades entre diferentes familias, conflictos que son recurrentes en los campos de la República Dominicana, estos choques dejan en ocasiones un saldo muy alto entre muertos y heridos.
El hombre era muy orgulloso y se ofendía con facilidad, portaba siempre un garrotico al cinto. Era respondón pero no provocador.
Una tarde en que llegaron al pabellón presos nuevos discutió con uno de ellos, un joven arrogante que lo insultó y provocó que se fueran a los puños. A los pocos minutos del encuentro Anastasio cae al suelo, se levanta y continua en su afán de someter al joven, vuelve a caer, el orgullo lo levanta medio aturdido y a pesar de llamados de que dejara eso hace caso omiso y por tercera vez cae al suelo. Esta vez le da trabajo ponerse de pie y comprende que no puede seguir. Abandona el desigual combate y se retira con su orgullo herido ( lo imagino con sus pensamientos vueltos un desastre). Mientras el joven, muy orondo, celebra su triunfo y emite epítetos burlones y ofensivos.
Me pareció ver al viejo llorando no de dolor pero si porque se había dado cuenta de que el hombre es como la arcilla que las manos del tiempo lo van moldeando a su antojo.
Desde ese momento no lo perdí de vista, me intrigó saber como se iba a manejar.
Al otro día y al abrirse las puertas de los pabellones, Anastasio se dirigió con pasos rápidos hacia el pasillo en dirección al patio, se detuvo en la puerta y observo como un águila todo el panorama, de repente fue hacia el portón que divide el patio del área de salida,( lugar siempre colmado de reclusos en espera de familiares o noticias, ademas de ser un buen sitio para soñar despierto o torturarse ) penetro en el grupo y de inmediato se retiro presuroso, en ese momento se armo un gran alboroto y luego unos camilleros llevaron un hombre herido hacia el hospital, este era el joven que había plantado al viejo, la sangre le brotaba de la cabeza a causa de dos garrotazos.
Luego de unos días en solitaria como castigo,visito a Anastasio y le pregunto: —¿ Como esta?
—A mi nadie me había humillado, fue un pleito justo pero después ese tigre se burlo de mi, no actuó con humildad ni por que yo era un viejo. No me podía quedar con esa.
Vi que Anastasio recupero algo de su prestigio, no de una manera convencional pero lo mas importante es que comprendió: que la vida no es horizontal, que esta cambia de curso y hay que ir adaptándose a ella sin perder la dignidad pues quienes no lo hacen deben sufrir bastante y eso es demasiado sacrificio.
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