lunes, 24 de agosto de 2015
sábado, 22 de agosto de 2015
La Pereza.
Duermes tu sueño eterno.
Pequeños mundos te conforman
y un mar de seguidores
aplauden tu sedentaria figura.
Erigida como estatua de hielo, antítesis de otros
con múltiples afanes
que honran y dan sustento
a una humanidad con carencias,
te regodeas en sillón mullido,
una vergüenza...
para un mundo incompleto.
Recoge
tu trono gastado por el uso
y vete con tu lento andar
a hundirte
en el mar de impenitente tranquilidad.
Solitaria
Mirando un techo infinito
desde un suelo, testimonio
de la sangre coagulada.
Ecos muertos de dolientes
que claman en soledad
por justicia muy tardía
que a gritos piden sus huesos.
Antro oscuro y fantasmal
donde solo las ideas
vuelan libres en misión
de rutas vanas y ansiosas
de libertad y esperanza.
Salen raudas a buscar
aire nuevo, renovando
voluntades limitadas
por embates de verdugos
a los que cristo diría
que no saben lo que hacen.
desde un suelo, testimonio
de la sangre coagulada.
Ecos muertos de dolientes
que claman en soledad
por justicia muy tardía
que a gritos piden sus huesos.
Antro oscuro y fantasmal
donde solo las ideas
vuelan libres en misión
de rutas vanas y ansiosas
de libertad y esperanza.
Salen raudas a buscar
aire nuevo, renovando
voluntades limitadas
por embates de verdugos
a los que cristo diría
que no saben lo que hacen.
viernes, 14 de agosto de 2015
El recluso que no resistió la felicidad.
De un Anecdotario Carcelario.
Tomas Bourdown era un recluso muy conocido en la cárcel de la Victoria en la República Dominicana, pues, cuando le preguntaban su nombre lo decía completo. Tenía un carácter muy expresivo pero extremadamente discreto con sus asuntos personales. Nadie conoció su caso judicial. De origen Holandés aparentemente no tenía familia en Santo Domingo. Llevaba ya varios meses detenido y aún no había recibido la primera visita.
"No he visto a Linda", decía, recordando a Daniél Santos.
Tuvimos mucha afinidad pues él tenía un parche Chino de bolitas al que llaman "el ajedrez de los no ilustrados". Ambos disfrutábamos ese juego y eran 20 o 30 manos de una tirada y en ocasiones dos o tres veces al día.
Tomas, siempre que veía al policía mensajero parado en la puerta del pabellón preparado para pronunciar un nombre para visitas o cualquier otra cosa, hacía un alto y esperaba, obviamente deseando oír su nombre. Me imaginaba el drama mental de este hombre con un perfil de buena educación y por ciertos detalles, una persona de familia pero con mala suerte.
Un día que amaneció nublado un policía vino a buscar a Tomas, el policía gritaba "Tomas Borcon,Tomas Bocon" evidenciando la dificultad para pronunciar su nombre. Tomas brincó de su cama y dijo:
—¡Tomas Bourdown, ese soy yo, carajo, por fin¡.
—Venga, que tiene visita, voceo el agente, Tomas se vistió su pantalón largo y salió como un niño en procura de un juguete, dibujaba en su rostro una risa que daban ganas de llorar.
Después de un buen rato regresó con un paquete pequeño y un rostro de alegría como nadie lo había visto antes, fue tan solo llegar y me llamó.
—Ven infeliz, que te voy a dar una pela.
Fui mas por la curiosidad de saber de su esperada visita. Sin que le preguntara me dijo:
—Un hermano, su hija y una prima, el se mantiene viajando y no vive aquí, es ingeniero y va a trabajar por un tiempo acá. Vuelve el jueves. Si quieres saber, vine al país a estudiar medicina,- me señaló.
Mientra Tomas hablaba, noté que abría la boca como si estuviera buscando aire, y pensé que era a causa de la emoción, él sacó su parche y en mitad del juego decidió retirarse y se recostó, siempre dándome la impresión de que buscaba aire.
Me fui a recostar pues un día de lluvia es el mejor momento para una cama.
Como a la media hora desperté y noté un movimiento extraño en el sitio de Tomas, un recluso estaba dándole masajes en el pecho, en el momento en que llegaron dos policías y alguien mas con una camilla, lo cargaron y le preguntaron al recluso que le dio los masajes que si era médico, y aunque contestó que no, que solo era estudiante, los policías le indicaron que los acompañara hasta la salida.
Mas tarde decidí salir al portón a tratar de obtener alguna noticia sobre Tomas y su estado físico, no sin antes pedirle a Milton el preboste que guardara sus pertenencias. Luego de un buen rato vi a un policía que salia del área del hospital, lo cuestioné y me respondió que:
—Parece que le dio un ataque: el enfermero lo está atendiendo pues el Médico no vino hoy, y el hombre esta muy amarillo.
En la noche recibimos la noticia de que Tomas había muerto. La policía acudió al pabellón y preguntó si alguien conocía a su familia, por lo cual les informé que Tomas acababa de recibir visita y en los datos de la oficina tendría que haber mas detalles.
A los dos días del lamentable hecho su hermano con unos policías visitaron su lugar buscando información y sus pertenencias. Me identifiqué con su familiar, hablamos y le informe de los detalles de ese día de la desgracia y de lo poco mas que pude decirle de Tomas. Él me explicó la causa del apresamiento de su hermano. Me señaló que Tomas estaba preso por un asunto menor de migración. Al retirarse me dijo que me quedara con el parche.
Tomas contribuyó a su desgracia, pues, si hubiera hablado desde el principio, se hubiera podido resolver su caso en poco tiempo. Los Abogados que nos atendían y a pedido nuestro, en varias ocasiones hicieron gestiones para casos de reclusos sin ninguna idea o facilidad para resolver asuntos jurídicos sencillos.
Nunca imaginé que unos minutos de felicidad podían destruir una vida de manera tan fulminante. Todavía hasta el día de hoy tengo presente a Tomas, y mas cuando encuentro alguien con quien jugar parche de bolitas.
De un Anecdotario Carcelario.
Tomas Bourdown era un recluso muy conocido en la cárcel de la Victoria en la República Dominicana, pues, cuando le preguntaban su nombre lo decía completo. Tenía un carácter muy expresivo pero extremadamente discreto con sus asuntos personales. Nadie conoció su caso judicial. De origen Holandés aparentemente no tenía familia en Santo Domingo. Llevaba ya varios meses detenido y aún no había recibido la primera visita.
"No he visto a Linda", decía, recordando a Daniél Santos.
Tuvimos mucha afinidad pues él tenía un parche Chino de bolitas al que llaman "el ajedrez de los no ilustrados". Ambos disfrutábamos ese juego y eran 20 o 30 manos de una tirada y en ocasiones dos o tres veces al día.
Tomas, siempre que veía al policía mensajero parado en la puerta del pabellón preparado para pronunciar un nombre para visitas o cualquier otra cosa, hacía un alto y esperaba, obviamente deseando oír su nombre. Me imaginaba el drama mental de este hombre con un perfil de buena educación y por ciertos detalles, una persona de familia pero con mala suerte.
Un día que amaneció nublado un policía vino a buscar a Tomas, el policía gritaba "Tomas Borcon,Tomas Bocon" evidenciando la dificultad para pronunciar su nombre. Tomas brincó de su cama y dijo:
—¡Tomas Bourdown, ese soy yo, carajo, por fin¡.
—Venga, que tiene visita, voceo el agente, Tomas se vistió su pantalón largo y salió como un niño en procura de un juguete, dibujaba en su rostro una risa que daban ganas de llorar.
Después de un buen rato regresó con un paquete pequeño y un rostro de alegría como nadie lo había visto antes, fue tan solo llegar y me llamó.
—Ven infeliz, que te voy a dar una pela.
Fui mas por la curiosidad de saber de su esperada visita. Sin que le preguntara me dijo:
—Un hermano, su hija y una prima, el se mantiene viajando y no vive aquí, es ingeniero y va a trabajar por un tiempo acá. Vuelve el jueves. Si quieres saber, vine al país a estudiar medicina,- me señaló.
Mientra Tomas hablaba, noté que abría la boca como si estuviera buscando aire, y pensé que era a causa de la emoción, él sacó su parche y en mitad del juego decidió retirarse y se recostó, siempre dándome la impresión de que buscaba aire.
Me fui a recostar pues un día de lluvia es el mejor momento para una cama.
Como a la media hora desperté y noté un movimiento extraño en el sitio de Tomas, un recluso estaba dándole masajes en el pecho, en el momento en que llegaron dos policías y alguien mas con una camilla, lo cargaron y le preguntaron al recluso que le dio los masajes que si era médico, y aunque contestó que no, que solo era estudiante, los policías le indicaron que los acompañara hasta la salida.
Mas tarde decidí salir al portón a tratar de obtener alguna noticia sobre Tomas y su estado físico, no sin antes pedirle a Milton el preboste que guardara sus pertenencias. Luego de un buen rato vi a un policía que salia del área del hospital, lo cuestioné y me respondió que:
—Parece que le dio un ataque: el enfermero lo está atendiendo pues el Médico no vino hoy, y el hombre esta muy amarillo.
En la noche recibimos la noticia de que Tomas había muerto. La policía acudió al pabellón y preguntó si alguien conocía a su familia, por lo cual les informé que Tomas acababa de recibir visita y en los datos de la oficina tendría que haber mas detalles.
A los dos días del lamentable hecho su hermano con unos policías visitaron su lugar buscando información y sus pertenencias. Me identifiqué con su familiar, hablamos y le informe de los detalles de ese día de la desgracia y de lo poco mas que pude decirle de Tomas. Él me explicó la causa del apresamiento de su hermano. Me señaló que Tomas estaba preso por un asunto menor de migración. Al retirarse me dijo que me quedara con el parche.
Tomas contribuyó a su desgracia, pues, si hubiera hablado desde el principio, se hubiera podido resolver su caso en poco tiempo. Los Abogados que nos atendían y a pedido nuestro, en varias ocasiones hicieron gestiones para casos de reclusos sin ninguna idea o facilidad para resolver asuntos jurídicos sencillos.
Nunca imaginé que unos minutos de felicidad podían destruir una vida de manera tan fulminante. Todavía hasta el día de hoy tengo presente a Tomas, y mas cuando encuentro alguien con quien jugar parche de bolitas.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Breve recado a la parca. PROSA.
Cuando llegues a mí, certera como siempre, no encontrarás a un hombre ocioso, sino que verás a un ente con energía, no a un muerto-vivo como esos zombis que ya se han entregado a la nada y solo esperan el decreto que los declare oficialmente muertos. Tendré en las manos un lápiz o pincel o una cortadora de metales o quizás algún objeto que me permita honrar la soberanía. Tendrás el orgullo de saber que encontrarás un hombre de trabajo que no huirá de ti ni de su destino, como lo hace de vivos que no buscan su carne sino sus ideas, y esas, valen demasiado, para asesinos tan pobres.
Cuando llegues a mí, certera como siempre, no encontrarás a un hombre ocioso, sino que verás a un ente con energía, no a un muerto-vivo como esos zombis que ya se han entregado a la nada y solo esperan el decreto que los declare oficialmente muertos. Tendré en las manos un lápiz o pincel o una cortadora de metales o quizás algún objeto que me permita honrar la soberanía. Tendrás el orgullo de saber que encontrarás un hombre de trabajo que no huirá de ti ni de su destino, como lo hace de vivos que no buscan su carne sino sus ideas, y esas, valen demasiado, para asesinos tan pobres.
martes, 4 de agosto de 2015
CHISPA, EL DUELISTA QUE HIZO DE LA CÁRCEL SU CASA. De un Anecdotario Carcelario.
Chispa era un hombre de la sierra, tosco, sin preparación alguna, hablaba mas bien por símbolos orales, pocas veces he conocido alguien tan obtuso.
¿ Cual es su historia? Desde que era niño, trabajó la tierra con sus padres en conúcos propios y ajenos. Ahí aprendió a usar machetes y cuchillos y desde los 13 años se vio involucrado en pleitos con otras familias, cosa muy recurrente en los campos dominicanos. A esa edad conoció la cárcel y desde ese momento, su vida se convirtió en un viaje sin retorno. Nada mas hacía salír del penal y lo esperaba otra guerra, pues estos pleitos son a veces eternos y se transmiten de generación en generación.
Chispa nunca cometió un acto delincuencial, no había robado, violado, asesinado a sangre fría ni nada por el estilo, solo había usado el machete y cuchillo para desyerbar y sembrar. Solo eso aprendió. Luego uso ese "arte" para defender su vida y la de su familia. Sin embargo, y a pesar de su hoja limpia frente a la ley, había pasado en ese entonces, unos 41 años entrando y saliendo de las cárceles, principalmente de "La Victoria", famosa cárcel Dominicana.
Entre esas salidas hubieron fugas, y es bueno decir, que él fue el único recluso, que cuando se fugaba, las autoridades se hacían de la vista gorda, algunos se reían y otros sentían pena. También era de los pocos reclusos que volvían voluntariamente a encarcelarse y había que dejarlo entrar, pues siempre tenía penas no cumplidas en su totalidad. Él es un caso único en los anales policiales y judiciales del país.
Lo conocí, cuando compartíamos el pabellón llamado "Viet Nam", y aquí, el preboste era un ex militar que creía y actuaba como si la cárcel fuera una extensión de su cuartel, se manejaba de forma muy torpe y estúpida, apagaba las luces a las 7:30, no permitía uso de radios, ni hablar en voz alta. Esto colmó la paciencia de los reclusos y se organizó un micro-mítin para sustituirlo y se dio un "golpe de cárcel", porque de estado no fue.
Se formo una comisión de tres para elegir el nuevo preboste, (yo era uno de esos) sugerí a Chispa, el recluso mas incógnito de todos, le propusimos la oferta y nos dijo —Pero yo lo que soy es agricultor", ja ja ja, al fin aceptó.
A pesar de que la policía era quien colocaba a sus sicarios, acordamos pedir a unanimidad nuestra elección. Llegó la poli y todo se concretó, Chispa era el preboste.
Esto me permitió conocer su increíble historia y saber que él era analfabeto, en eso pude ayudarlo.
Hablábamos y le sugería que se mudara de sitio para evadir los encontronazos con sus enemigos y me decía que ese era el único lugar que conocía, ademas, —Los mas viejos tenemos que proteger a los pequeños y a las mujeres. El había perdido a dos hermanos y dos sobrinos y otros familiares estaban inútiles —¿Para donde cojo?, me decía, agregaba que: —No se como se enteran cuando regreso pues ya me están esperando y no me voy a dejar matar, —Siempre guardo en los bolsillos el dinero para comprar el machete y cuchillo, para no ir desarmado.
La victoria era el único lugar qué Chispa conocía aparte de su loma, su conúco y su rancho de tablas. Su frase celebre era: "NO ME VOY A DEJAR MATAR".
Chispa era un hombre de la sierra, tosco, sin preparación alguna, hablaba mas bien por símbolos orales, pocas veces he conocido alguien tan obtuso.
¿ Cual es su historia? Desde que era niño, trabajó la tierra con sus padres en conúcos propios y ajenos. Ahí aprendió a usar machetes y cuchillos y desde los 13 años se vio involucrado en pleitos con otras familias, cosa muy recurrente en los campos dominicanos. A esa edad conoció la cárcel y desde ese momento, su vida se convirtió en un viaje sin retorno. Nada mas hacía salír del penal y lo esperaba otra guerra, pues estos pleitos son a veces eternos y se transmiten de generación en generación.
Chispa nunca cometió un acto delincuencial, no había robado, violado, asesinado a sangre fría ni nada por el estilo, solo había usado el machete y cuchillo para desyerbar y sembrar. Solo eso aprendió. Luego uso ese "arte" para defender su vida y la de su familia. Sin embargo, y a pesar de su hoja limpia frente a la ley, había pasado en ese entonces, unos 41 años entrando y saliendo de las cárceles, principalmente de "La Victoria", famosa cárcel Dominicana.
Entre esas salidas hubieron fugas, y es bueno decir, que él fue el único recluso, que cuando se fugaba, las autoridades se hacían de la vista gorda, algunos se reían y otros sentían pena. También era de los pocos reclusos que volvían voluntariamente a encarcelarse y había que dejarlo entrar, pues siempre tenía penas no cumplidas en su totalidad. Él es un caso único en los anales policiales y judiciales del país.
Lo conocí, cuando compartíamos el pabellón llamado "Viet Nam", y aquí, el preboste era un ex militar que creía y actuaba como si la cárcel fuera una extensión de su cuartel, se manejaba de forma muy torpe y estúpida, apagaba las luces a las 7:30, no permitía uso de radios, ni hablar en voz alta. Esto colmó la paciencia de los reclusos y se organizó un micro-mítin para sustituirlo y se dio un "golpe de cárcel", porque de estado no fue.
Se formo una comisión de tres para elegir el nuevo preboste, (yo era uno de esos) sugerí a Chispa, el recluso mas incógnito de todos, le propusimos la oferta y nos dijo —Pero yo lo que soy es agricultor", ja ja ja, al fin aceptó.
A pesar de que la policía era quien colocaba a sus sicarios, acordamos pedir a unanimidad nuestra elección. Llegó la poli y todo se concretó, Chispa era el preboste.
Esto me permitió conocer su increíble historia y saber que él era analfabeto, en eso pude ayudarlo.
Hablábamos y le sugería que se mudara de sitio para evadir los encontronazos con sus enemigos y me decía que ese era el único lugar que conocía, ademas, —Los mas viejos tenemos que proteger a los pequeños y a las mujeres. El había perdido a dos hermanos y dos sobrinos y otros familiares estaban inútiles —¿Para donde cojo?, me decía, agregaba que: —No se como se enteran cuando regreso pues ya me están esperando y no me voy a dejar matar, —Siempre guardo en los bolsillos el dinero para comprar el machete y cuchillo, para no ir desarmado.
La victoria era el único lugar qué Chispa conocía aparte de su loma, su conúco y su rancho de tablas. Su frase celebre era: "NO ME VOY A DEJAR MATAR".
domingo, 26 de julio de 2015
CAJITA, EL DESCUARTIZADOR SALVADOR DE HAITIANOS. De un Anecdotario Carcelario.
Cajita es el sobrenombre del autor del crimen común mas sonado que se conoció hasta ese momento en la República Dominicana.
Su crimen consistió en invitar a un compañero de estudio a su casa, matarlo, y luego descuartizarlo.
El sobrenombre fue a causa de que al querer botar en el mar los restos de su amigo y que había colocado en una caja que montó en una bicicleta, en el trayecto se topó con una patrulla policial y al querer huir, la caja se cayo desparramando los restos quedando él en evidencia.
En el juicio y a una pregunta del juez, contestó que quería conocer el cuerpo por dentro, qué se había tomado unos tragos y se "alocó". Por ese crimen fue condenado a la pena máxima.
Cuando llegué al penal él era ya un recluso de varios años, era una especie de leyenda, con varias fugas, historias violentas y conflictos en la Victoria, famosa cárcel Dominicana. De baja estatura y accionar algo nervioso y de instintos psicopáticos, una especie de poder temido por todo recluso.
Lo conocí al estar en el pabellón situado frente al suyo donde él tenía un colmadito, privilegio que solo otorgan los años de cárcel. El aroma de una torta o arepa de maíz que preparaba me llamó la atención y me hice un cliente diario mañanero y al mismo tiempo un breve conversador, Cajita era de pocas palabras.
Tenía a la vista una especie de botiquín con algodón, potes y unos envases parecidos a inyecciones, lo que me motivó a preguntarle si estudio medicina, Me respondió que solo dos semestres pero que siguió estudiando en la cárcel.
En mi pabellón, justo a mi frente, estaban siete Haitianos siempre en el suelo, uno de ellos se veía en mal estado con los ojos infectados, y uno de sus compañeros me dijo: que casi estaba perdiendo la vista y cuando iban al hospital de la penitenciaria solo le daban dos o tres aspirinas, alegaban no tener antibióticos. Empeoraba a cada momento y de noche no podía contener los quejidos, el resultado era previsible.
A la siguiente mañana se me ocurrió comentar el caso con Cajita, así que le dije que un Haitiano estaba muriendo y que él podía hacer algo para ayudarlo, Me respondió con improperios sobre ellos, me señaló que fue infectado por unos que estuvieron en su celda y los sacó a palos. Emitió unos epítetos muy agresivos sobre esa nacionalidad, no obstante, cuando me retire le expresé: — En toda la victoria tu eres el único que puede salvarlo". Me miró de reojo y me fui creyendo que lo había dejado pensando.
Eran como las 7.30 de esa mañana, y mas tarde uno de sus sicarios me visita diciéndome que Cajita quería verme. Cuando llego a su lugar me dice en tono tajante, —¡Trae al hombre, tu eres responsable, lo hago por ti!
Le expliqué a los Haitianos la situación y vaya sorpresa, pusieron el grito al cielo diciendo que ya él los había agredido y maltratado, y que sería una imprudencia y un riesgo caer en las manos de ese hombre. Les expliqué que no había otra salida, solo la ceguera o la muerte y que a veces hay que correr el riesgo. Les hablé con la certeza de que Cajita actuaría de buena fe.
Al fin se decidieron, cargaron el enfermo y allá fuimos todos. Al llegar caja dijo que se bajara los pantalones y se acostara en la cama, sacó una jeringuilla cuyo tamaño me dio escalofríos, imagínense al enfermo. Preparó una disolución no se de que, el hombre estaba temblando y le pedí que se relajara y pusiera los músculos blandos, al Cajita inyectarlo se oyó un quejido como salido de ultratumba, luego le señaló que se quedara un rato en la cama.
En ese momento algo me flaqueó, pues pensé: ¿y que estoy haciendo?. Era un muchacho y el panorama se me presentó algo turbio. Nos retiramos y la espera me hizo olvidar la cárcel, creo que entré y salí del pabellón como 50 veces y fumé como dos cajas de cigarros. Eran la duda y la osadía juntas, luchando a ver cual se imponía.
Ya cerradas las puertas, alguien me dijo ¡ dice Cajita que se coloque aquí !, me señaló un sitio y a través de los barrotes él colocó en el suelo un pote y lo empujo con un palo hasta donde lo podía alcanzar y me dijo: "que se lo beba todo". Al otro día temprano repitió la misma operación.
Eran horas de la tarde y vi al hombre sentado, aturdido, pero lo vi mas vivo o eso quise ver.
Al tercer día cerca del atardecer, vi al hombre de pie y sus cómpas algo asombrados y felices. Se acercaron a darme las gracias y les dije: —Es a Cajita a quien deben agradecer, y que yo solo fui un intermediario. Así lo hicieron, luego me acerque a caja y lo elogié, (creo que soy bueno en eso, en responder un acto de humanidad y mas en estas circunstancias). El no supo el peso que me quitó de encima el resultado feliz, los interrogatorios policiales no fueron nada comparado con aquella espera del desenlace final.
De ahí en adelante nuestra amistad tomó otro giro, hubo mas confianza e incluso Cajita tenía la potestad de llamar un carcelero para abrir la puerta aun después de cerradas y salir al patio a correr y ejercitarse y pienso, sentirse dueño de todo. A veces me invitaba a que lo acompañara y el carcelero me abría la puerta.
Allí en el patio hablábamos de política, de gobiernos, de sobre-vivencias, fugas, pues el recluso que espera un buen tiempo de cárcel si no habla o piensa en fugas no es un preso, sino un turista haciendo el papel de recluso.
Cajita incluso se ofreció para ser receptor de mensajes entre los cómpas del área del hospital y los que permanecíamos en los pabellones. Mas adelante logré que él fuera el responsable de facilitar la compra quincenal para los compañeros.
El cambio de Cajita pienso que se debió a que nunca la vida le había presentado la oportunidad de hacer algo parecido, aun fuera una simple inyección, pues lo que importa son los resultados y lo calculó todo y lo hizo con buena fe y respeto.
p.d.
En una calle de Santo Domingo, luego de estar libres, me encontré con uno de los 7 haitianos, él se dedicaba a ofrecer servicios a domicilio, me reconoció y hablamos, le pedí noticias de sus compañeros y me relató que todos eran combatientes contra la dictadura de Duvalier, y que en aquella ocasión fueron emboscados, lo que les obligó a pasar a territorio Dominicano donde fueron apresados.
Al salir de la cárcel se organizaron de nuevo y cruzaron armados a seguir la lucha en Haití, (menos el, pues enfermó) y antes de transcurrir dos meses fueron muertos por los militares haitianos, me dijo que el hombre del problema de salud era su comandante.
Cajita es el sobrenombre del autor del crimen común mas sonado que se conoció hasta ese momento en la República Dominicana.
Su crimen consistió en invitar a un compañero de estudio a su casa, matarlo, y luego descuartizarlo.
El sobrenombre fue a causa de que al querer botar en el mar los restos de su amigo y que había colocado en una caja que montó en una bicicleta, en el trayecto se topó con una patrulla policial y al querer huir, la caja se cayo desparramando los restos quedando él en evidencia.
En el juicio y a una pregunta del juez, contestó que quería conocer el cuerpo por dentro, qué se había tomado unos tragos y se "alocó". Por ese crimen fue condenado a la pena máxima.
Cuando llegué al penal él era ya un recluso de varios años, era una especie de leyenda, con varias fugas, historias violentas y conflictos en la Victoria, famosa cárcel Dominicana. De baja estatura y accionar algo nervioso y de instintos psicopáticos, una especie de poder temido por todo recluso.
Lo conocí al estar en el pabellón situado frente al suyo donde él tenía un colmadito, privilegio que solo otorgan los años de cárcel. El aroma de una torta o arepa de maíz que preparaba me llamó la atención y me hice un cliente diario mañanero y al mismo tiempo un breve conversador, Cajita era de pocas palabras.
Tenía a la vista una especie de botiquín con algodón, potes y unos envases parecidos a inyecciones, lo que me motivó a preguntarle si estudio medicina, Me respondió que solo dos semestres pero que siguió estudiando en la cárcel.
En mi pabellón, justo a mi frente, estaban siete Haitianos siempre en el suelo, uno de ellos se veía en mal estado con los ojos infectados, y uno de sus compañeros me dijo: que casi estaba perdiendo la vista y cuando iban al hospital de la penitenciaria solo le daban dos o tres aspirinas, alegaban no tener antibióticos. Empeoraba a cada momento y de noche no podía contener los quejidos, el resultado era previsible.
A la siguiente mañana se me ocurrió comentar el caso con Cajita, así que le dije que un Haitiano estaba muriendo y que él podía hacer algo para ayudarlo, Me respondió con improperios sobre ellos, me señaló que fue infectado por unos que estuvieron en su celda y los sacó a palos. Emitió unos epítetos muy agresivos sobre esa nacionalidad, no obstante, cuando me retire le expresé: — En toda la victoria tu eres el único que puede salvarlo". Me miró de reojo y me fui creyendo que lo había dejado pensando.
Eran como las 7.30 de esa mañana, y mas tarde uno de sus sicarios me visita diciéndome que Cajita quería verme. Cuando llego a su lugar me dice en tono tajante, —¡Trae al hombre, tu eres responsable, lo hago por ti!
Le expliqué a los Haitianos la situación y vaya sorpresa, pusieron el grito al cielo diciendo que ya él los había agredido y maltratado, y que sería una imprudencia y un riesgo caer en las manos de ese hombre. Les expliqué que no había otra salida, solo la ceguera o la muerte y que a veces hay que correr el riesgo. Les hablé con la certeza de que Cajita actuaría de buena fe.
Al fin se decidieron, cargaron el enfermo y allá fuimos todos. Al llegar caja dijo que se bajara los pantalones y se acostara en la cama, sacó una jeringuilla cuyo tamaño me dio escalofríos, imagínense al enfermo. Preparó una disolución no se de que, el hombre estaba temblando y le pedí que se relajara y pusiera los músculos blandos, al Cajita inyectarlo se oyó un quejido como salido de ultratumba, luego le señaló que se quedara un rato en la cama.
En ese momento algo me flaqueó, pues pensé: ¿y que estoy haciendo?. Era un muchacho y el panorama se me presentó algo turbio. Nos retiramos y la espera me hizo olvidar la cárcel, creo que entré y salí del pabellón como 50 veces y fumé como dos cajas de cigarros. Eran la duda y la osadía juntas, luchando a ver cual se imponía.
Ya cerradas las puertas, alguien me dijo ¡ dice Cajita que se coloque aquí !, me señaló un sitio y a través de los barrotes él colocó en el suelo un pote y lo empujo con un palo hasta donde lo podía alcanzar y me dijo: "que se lo beba todo". Al otro día temprano repitió la misma operación.
Eran horas de la tarde y vi al hombre sentado, aturdido, pero lo vi mas vivo o eso quise ver.
Al tercer día cerca del atardecer, vi al hombre de pie y sus cómpas algo asombrados y felices. Se acercaron a darme las gracias y les dije: —Es a Cajita a quien deben agradecer, y que yo solo fui un intermediario. Así lo hicieron, luego me acerque a caja y lo elogié, (creo que soy bueno en eso, en responder un acto de humanidad y mas en estas circunstancias). El no supo el peso que me quitó de encima el resultado feliz, los interrogatorios policiales no fueron nada comparado con aquella espera del desenlace final.
De ahí en adelante nuestra amistad tomó otro giro, hubo mas confianza e incluso Cajita tenía la potestad de llamar un carcelero para abrir la puerta aun después de cerradas y salir al patio a correr y ejercitarse y pienso, sentirse dueño de todo. A veces me invitaba a que lo acompañara y el carcelero me abría la puerta.
Allí en el patio hablábamos de política, de gobiernos, de sobre-vivencias, fugas, pues el recluso que espera un buen tiempo de cárcel si no habla o piensa en fugas no es un preso, sino un turista haciendo el papel de recluso.
Cajita incluso se ofreció para ser receptor de mensajes entre los cómpas del área del hospital y los que permanecíamos en los pabellones. Mas adelante logré que él fuera el responsable de facilitar la compra quincenal para los compañeros.
El cambio de Cajita pienso que se debió a que nunca la vida le había presentado la oportunidad de hacer algo parecido, aun fuera una simple inyección, pues lo que importa son los resultados y lo calculó todo y lo hizo con buena fe y respeto.
p.d.
En una calle de Santo Domingo, luego de estar libres, me encontré con uno de los 7 haitianos, él se dedicaba a ofrecer servicios a domicilio, me reconoció y hablamos, le pedí noticias de sus compañeros y me relató que todos eran combatientes contra la dictadura de Duvalier, y que en aquella ocasión fueron emboscados, lo que les obligó a pasar a territorio Dominicano donde fueron apresados.
Al salir de la cárcel se organizaron de nuevo y cruzaron armados a seguir la lucha en Haití, (menos el, pues enfermó) y antes de transcurrir dos meses fueron muertos por los militares haitianos, me dijo que el hombre del problema de salud era su comandante.
jueves, 16 de julio de 2015
La Hambruna.
Eres arrogante, famosa y universal.
Tú nombre
retumba en las conciencias
hieres los cuerpos como dagas múltiples.
Eres el resultado, de ambiciones sin fin
y conflictos eternos
que horadan la humanidad
como un proyectil al inocente.
La miseria como madre te acogió,
eres su fundamento y razón de ser.
¡Qué gran honor!
Terrible holocausto de carencias,
de dolor y flagelos.
Avasallas la humanidad sin hacer mucho esfuerzo,
solo necesitas un campo fértil
para esa iniquidad.
Al ser abstracta, te libras de la muerte
claro, la potestad la ejerces tú.
Los poderosos permanecen libres
de tu descomunal poder
no temen tu ira y con razón
su bonanza los protege, de tu cruel accionar.
¿Pero, eso,te conforta?
Eres arrogante, famosa y universal.
Tú nombre
retumba en las conciencias
hieres los cuerpos como dagas múltiples.
Eres el resultado, de ambiciones sin fin
y conflictos eternos
que horadan la humanidad
como un proyectil al inocente.
La miseria como madre te acogió,
eres su fundamento y razón de ser.
¡Qué gran honor!
Terrible holocausto de carencias,
de dolor y flagelos.
Avasallas la humanidad sin hacer mucho esfuerzo,
solo necesitas un campo fértil
para esa iniquidad.
Al ser abstracta, te libras de la muerte
claro, la potestad la ejerces tú.
Los poderosos permanecen libres
de tu descomunal poder
no temen tu ira y con razón
su bonanza los protege, de tu cruel accionar.
¿Pero, eso,te conforta?
domingo, 12 de julio de 2015
POEMA A
UNA BALA.
Sola y desnuda viajas
libre
por el espacio
a velocidades irreales,
en espera de contactos que suplan tu soledad.
Tu silbido trágico es la canción fúnebre
de un vampiro en vuelo en busca de alimento
para saciar codicias de otros
a tu espalda.
Manipulada eres
sin concesión alguna.
Un ave indefensa sin voluntad,
sin decisión.
Tu éxito depende
del talento criminal del experto
en blancos
y negros augurios.
Te conozco
puedo dar fe de tu beso ardiente
o, quizás fue un aviso para el acto final
y no
tendrás
la culpa.
UNA BALA.
Sola y desnuda viajas
libre
por el espacio
a velocidades irreales,
en espera de contactos que suplan tu soledad.
Tu silbido trágico es la canción fúnebre
de un vampiro en vuelo en busca de alimento
para saciar codicias de otros
a tu espalda.
Manipulada eres
sin concesión alguna.
Un ave indefensa sin voluntad,
sin decisión.
Tu éxito depende
del talento criminal del experto
en blancos
y negros augurios.
Te conozco
puedo dar fe de tu beso ardiente
o, quizás fue un aviso para el acto final
y no
tendrás
la culpa.
martes, 7 de julio de 2015
La niña que me mandó a estudiar a John Nash, De un Anecdotario Pedagógico.
La niña que me mandó a estudiar a John Nash.
De un anecdotario pedagógico.
Elisa era una niña de 8 años alumna de un taller de artes y alfarería de un centro de educación especial . De semblante algo nostálgico, tranquila y muy adaptada a las tareas del taller, en varias ocasiones se le escuchaba manifestar rechazo a ciertas molestias mientras laboraba, " no molestes , ahora no, estoy trabajando", como estos roces entre los alumnos eran cotidianos, no les daba mucha importancia.
En una ocasión y en hora de merienda, momentos que yo aprovechaba para descansar, estaba sentado en el patio de la escuela, no muy a la vista, vi llegar a Elisa con un envase en dirección al lavadero en procura de agua, llegó murmurando algo, como hablando consigo misma .Tomó su envase ya con agua y se dispuso a retirarse, en el camino la ponchera le brincó de sus manos y se desparramó su contenido al tiempo que dijo:
—Ves, me botaste el agua, ahora tengo que volver, no juegues así, si vuelves no te hablo. La niña regreso de nuevo a tomar su agua, siguió murmurando y le oigo decir:
— Esta bien, en la tarde te digo, pero en casa. Todo esto con mucha naturalidad, pero el brinco del envase de las manos me dejo sorprendido.
Esta experiencia me indujo a dar seguimiento a Elisa, ademas de la inquietud personal sobre todo aquello que se sale de lo cotidiano.
Discretamente hablé con los demás profesores sin mencionar esta vivencia, una compañera me dijo en tono algo de broma, que la niña ve duendes pero su madre lo niega y dice que ella es así. Esto no me sorprendió conociendo la actitud de la mayoría de los padres y madres de estos jóvenes.
Pude palpar de cerca las conversaciones de esta niña con sus "duendes". Eran intercambios de palabras en variados tonos, a veces muy amigables otras un poco áridos o muy serios pero siempre con una naturalidad que espantaba.
Tenía conocimientos generales sobre alucinaciones y del caso del premio nobel John Nash. Trate de conseguir toda la información relacionada con este tema tan poco usual y me preguntaba y era mi mayor inquietud; las formas de manifestarse este fenómeno, se que de forma visual y auditiva pues los intercambios de palabras y ademanes así lo indicaban, pero ese brinco del envase de las manos como obra de una energía externa..., todavía sigo buscando información.
Me preguntaba y todavía lo hago; si la energía desatada en estos casos se puede materializar fuera de la mente de las personas que atraviesan por esta situación.
De un anecdotario pedagógico.
Elisa era una niña de 8 años alumna de un taller de artes y alfarería de un centro de educación especial . De semblante algo nostálgico, tranquila y muy adaptada a las tareas del taller, en varias ocasiones se le escuchaba manifestar rechazo a ciertas molestias mientras laboraba, " no molestes , ahora no, estoy trabajando", como estos roces entre los alumnos eran cotidianos, no les daba mucha importancia.
En una ocasión y en hora de merienda, momentos que yo aprovechaba para descansar, estaba sentado en el patio de la escuela, no muy a la vista, vi llegar a Elisa con un envase en dirección al lavadero en procura de agua, llegó murmurando algo, como hablando consigo misma .Tomó su envase ya con agua y se dispuso a retirarse, en el camino la ponchera le brincó de sus manos y se desparramó su contenido al tiempo que dijo:
—Ves, me botaste el agua, ahora tengo que volver, no juegues así, si vuelves no te hablo. La niña regreso de nuevo a tomar su agua, siguió murmurando y le oigo decir:
— Esta bien, en la tarde te digo, pero en casa. Todo esto con mucha naturalidad, pero el brinco del envase de las manos me dejo sorprendido.
Esta experiencia me indujo a dar seguimiento a Elisa, ademas de la inquietud personal sobre todo aquello que se sale de lo cotidiano.
Discretamente hablé con los demás profesores sin mencionar esta vivencia, una compañera me dijo en tono algo de broma, que la niña ve duendes pero su madre lo niega y dice que ella es así. Esto no me sorprendió conociendo la actitud de la mayoría de los padres y madres de estos jóvenes.
Pude palpar de cerca las conversaciones de esta niña con sus "duendes". Eran intercambios de palabras en variados tonos, a veces muy amigables otras un poco áridos o muy serios pero siempre con una naturalidad que espantaba.
Tenía conocimientos generales sobre alucinaciones y del caso del premio nobel John Nash. Trate de conseguir toda la información relacionada con este tema tan poco usual y me preguntaba y era mi mayor inquietud; las formas de manifestarse este fenómeno, se que de forma visual y auditiva pues los intercambios de palabras y ademanes así lo indicaban, pero ese brinco del envase de las manos como obra de una energía externa..., todavía sigo buscando información.
Me preguntaba y todavía lo hago; si la energía desatada en estos casos se puede materializar fuera de la mente de las personas que atraviesan por esta situación.
El viejo que no sabía que lo era. De un anecdotario carcelario.
Anastasio era un campesino neto, de carácter rígido, recluido desde unos 8 años de unos 75 a 78 años pero con una apariencia y energía de unos 50 era un buen hombre, victima de las circunstancias y de las enemistades entre diferentes familias, conflictos que son recurrentes en los campos de la República Dominicana, estos choques dejan en ocasiones un saldo muy alto entre muertos y heridos.
El hombre era muy orgulloso y se ofendía con facilidad, portaba siempre un garrotico al cinto. Era respondón pero no provocador.
Una tarde en que llegaron al pabellón presos nuevos discutió con uno de ellos, un joven arrogante que lo insultó y provocó que se fueran a los puños. A los pocos minutos del encuentro Anastasio cae al suelo, se levanta y continua en su afán de someter al joven, vuelve a caer, el orgullo lo levanta medio aturdido y a pesar de llamados de que dejara eso hace caso omiso y por tercera vez cae al suelo. Esta vez le da trabajo ponerse de pie y comprende que no puede seguir. Abandona el desigual combate y se retira con su orgullo herido ( lo imagino con sus pensamientos vueltos un desastre). Mientras el joven, muy orondo, celebra su triunfo y emite epítetos burlones y ofensivos.
Me pareció ver al viejo llorando no de dolor pero si porque se había dado cuenta de que el hombre es como la arcilla que las manos del tiempo lo van moldeando a su antojo.
Desde ese momento no lo perdí de vista, me intrigó saber como se iba a manejar.
Al otro día y al abrirse las puertas de los pabellones, Anastasio se dirigió con pasos rápidos hacia el pasillo en dirección al patio, se detuvo en la puerta y observo como un águila todo el panorama, de repente fue hacia el portón que divide el patio del área de salida,( lugar siempre colmado de reclusos en espera de familiares o noticias, ademas de ser un buen sitio para soñar despierto o torturarse ) penetro en el grupo y de inmediato se retiro presuroso, en ese momento se armo un gran alboroto y luego unos camilleros llevaron un hombre herido hacia el hospital, este era el joven que había plantado al viejo, la sangre le brotaba de la cabeza a causa de dos garrotazos.
Luego de unos días en solitaria como castigo,visito a Anastasio y le pregunto: —¿ Como esta?
—A mi nadie me había humillado, fue un pleito justo pero después ese tigre se burlo de mi, no actuó con humildad ni por que yo era un viejo. No me podía quedar con esa.
Vi que Anastasio recupero algo de su prestigio, no de una manera convencional pero lo mas importante es que comprendió: que la vida no es horizontal, que esta cambia de curso y hay que ir adaptándose a ella sin perder la dignidad pues quienes no lo hacen deben sufrir bastante y eso es demasiado sacrificio.
Anastasio era un campesino neto, de carácter rígido, recluido desde unos 8 años de unos 75 a 78 años pero con una apariencia y energía de unos 50 era un buen hombre, victima de las circunstancias y de las enemistades entre diferentes familias, conflictos que son recurrentes en los campos de la República Dominicana, estos choques dejan en ocasiones un saldo muy alto entre muertos y heridos.
El hombre era muy orgulloso y se ofendía con facilidad, portaba siempre un garrotico al cinto. Era respondón pero no provocador.
Una tarde en que llegaron al pabellón presos nuevos discutió con uno de ellos, un joven arrogante que lo insultó y provocó que se fueran a los puños. A los pocos minutos del encuentro Anastasio cae al suelo, se levanta y continua en su afán de someter al joven, vuelve a caer, el orgullo lo levanta medio aturdido y a pesar de llamados de que dejara eso hace caso omiso y por tercera vez cae al suelo. Esta vez le da trabajo ponerse de pie y comprende que no puede seguir. Abandona el desigual combate y se retira con su orgullo herido ( lo imagino con sus pensamientos vueltos un desastre). Mientras el joven, muy orondo, celebra su triunfo y emite epítetos burlones y ofensivos.
Me pareció ver al viejo llorando no de dolor pero si porque se había dado cuenta de que el hombre es como la arcilla que las manos del tiempo lo van moldeando a su antojo.
Desde ese momento no lo perdí de vista, me intrigó saber como se iba a manejar.
Al otro día y al abrirse las puertas de los pabellones, Anastasio se dirigió con pasos rápidos hacia el pasillo en dirección al patio, se detuvo en la puerta y observo como un águila todo el panorama, de repente fue hacia el portón que divide el patio del área de salida,( lugar siempre colmado de reclusos en espera de familiares o noticias, ademas de ser un buen sitio para soñar despierto o torturarse ) penetro en el grupo y de inmediato se retiro presuroso, en ese momento se armo un gran alboroto y luego unos camilleros llevaron un hombre herido hacia el hospital, este era el joven que había plantado al viejo, la sangre le brotaba de la cabeza a causa de dos garrotazos.
Luego de unos días en solitaria como castigo,visito a Anastasio y le pregunto: —¿ Como esta?
—A mi nadie me había humillado, fue un pleito justo pero después ese tigre se burlo de mi, no actuó con humildad ni por que yo era un viejo. No me podía quedar con esa.
Vi que Anastasio recupero algo de su prestigio, no de una manera convencional pero lo mas importante es que comprendió: que la vida no es horizontal, que esta cambia de curso y hay que ir adaptándose a ella sin perder la dignidad pues quienes no lo hacen deben sufrir bastante y eso es demasiado sacrificio.
sábado, 27 de junio de 2015
*Un Ángel sensual, en el cementerio de hombres vivos. De un Anecdotario Carcelario.
La Victoria, nombre muy singular para una cárcel, símbolo de lo mas tenebroso con sus historias de torturas y muertes, situada en el poblado del mismo nombre en la República Dominicana.. También son incontables las anécdotas de todos colores y vivencias entre los presos.
Una mañana cualquiera llega Fredo, un recluso de color indio oscuro, (como llamamos aquí a los mulatos), esbelto, de andar rápido y con la soltura propia de quien exhibe sus atributos en una pasarela. Desde su llegada, conmocionó a la población de habitantes de ese cementerio de hombres vivos. No se que encanto tenia, pero su imagen y movimientos no pasaban desapercibidos de nadie que lo pudiera mirar. No habían pasado los efectos de la impresión, cuando ya tenía admiradores por doquier.
En el pabellón #6, a un segundo preboste, "cachifa", siempre atento a la posibilidad de ganar algunos pesos, se le prende el bombillo de la imaginación y se acerca a Fredo, lo lleva a su hábitat y le muestra su "góndola", esta era una cama de dos plantas modificada, cubierta con una cortina opaca, le propone que esa sera su casa de citas y que si cobrara 50 centavos le diera 10. Es bueno señalar, que eran los años 70 y las monedas de 1, 5, 10, 25, y 50 centavos tenían valor. Fredo acepta gustoso, y al rato, legiones de hombres desesperados hacían turno para disfrutar de sus encantos.
Era un fenómeno nunca visto en la Victoria. Algo así como un imán atrayendo toda la chatarra metálica que se cruzara en su camino.
Renzo, era un recluso convicto por robo de carros, con cierto nivel educativo, tranquilo y sociable, siempre se acompañaba de libros y revistas . Nos conocimos y dialogábamos con cierta frecuencia sobre diferentes tópicos, incluyendo la homosexualidad , el se mostraba opuesto a esa practica. Tratábamos lo referente a sobrevivir y aprovechar el tiempo en estudios y conocimientos, pues le decía que desde ahí, no hay ruta para ninguna parte, pero eso es otra historia.
Lo que nos interesa es que, una tarde en que yo regresaba del patio de dar brincos en unas barras gimnásticas, a mi sitio a unas 5 camas de la góndola de cachifa, veo a Renzo salir lentamente de esa zona de disfrute, al mirarme abre los brazos y baja la cabeza de una manera que daba pena, mas atrás vi a Fredo, con su aire de Barón del cementerio en busca de otra victima.
No había transcurrido media hora, cuando Renzo me visita cabizbajo y me dice .—! No me hagas preguntas, aquí hasta los hombres serios dejan de serlo!, pero mira:, salí a buscar unos cigarrillos y el tipo me paso por el lado y por mi madre , yo lo que vi fue una mujer bonita y sensual, y me aloque . ja ja ., para que no se molestara con mi risa le digo:— pero los hombres tienen derecho a equivocarse, ademas hemos hablado sobre el lugar en que estamos, y sobre las necesidades humanas.
Una tarde lo veo en el patio y en son de broma le comento, —Renzo, ¿en el ambiente no hay otra ronda romántica?, —Mira hijo de la gran puta, no relajes conmigo que nos damos 50 trompadas y 10 puñaladas, me responde, mientras resonaban las carcajadas .
No vi a Fredo mas, parece que su caso era leve y recupero pronto su libertad.
En la Victoria, pocos hombres se quedaron o mejor dicho, nos quedamos sin conocer los encantos del Ángel de la sensualidad, en ese cementerio de hombres vivos*.
La Victoria, nombre muy singular para una cárcel, símbolo de lo mas tenebroso con sus historias de torturas y muertes, situada en el poblado del mismo nombre en la República Dominicana.. También son incontables las anécdotas de todos colores y vivencias entre los presos.
Una mañana cualquiera llega Fredo, un recluso de color indio oscuro, (como llamamos aquí a los mulatos), esbelto, de andar rápido y con la soltura propia de quien exhibe sus atributos en una pasarela. Desde su llegada, conmocionó a la población de habitantes de ese cementerio de hombres vivos. No se que encanto tenia, pero su imagen y movimientos no pasaban desapercibidos de nadie que lo pudiera mirar. No habían pasado los efectos de la impresión, cuando ya tenía admiradores por doquier.
En el pabellón #6, a un segundo preboste, "cachifa", siempre atento a la posibilidad de ganar algunos pesos, se le prende el bombillo de la imaginación y se acerca a Fredo, lo lleva a su hábitat y le muestra su "góndola", esta era una cama de dos plantas modificada, cubierta con una cortina opaca, le propone que esa sera su casa de citas y que si cobrara 50 centavos le diera 10. Es bueno señalar, que eran los años 70 y las monedas de 1, 5, 10, 25, y 50 centavos tenían valor. Fredo acepta gustoso, y al rato, legiones de hombres desesperados hacían turno para disfrutar de sus encantos.
Era un fenómeno nunca visto en la Victoria. Algo así como un imán atrayendo toda la chatarra metálica que se cruzara en su camino.
Renzo, era un recluso convicto por robo de carros, con cierto nivel educativo, tranquilo y sociable, siempre se acompañaba de libros y revistas . Nos conocimos y dialogábamos con cierta frecuencia sobre diferentes tópicos, incluyendo la homosexualidad , el se mostraba opuesto a esa practica. Tratábamos lo referente a sobrevivir y aprovechar el tiempo en estudios y conocimientos, pues le decía que desde ahí, no hay ruta para ninguna parte, pero eso es otra historia.
Lo que nos interesa es que, una tarde en que yo regresaba del patio de dar brincos en unas barras gimnásticas, a mi sitio a unas 5 camas de la góndola de cachifa, veo a Renzo salir lentamente de esa zona de disfrute, al mirarme abre los brazos y baja la cabeza de una manera que daba pena, mas atrás vi a Fredo, con su aire de Barón del cementerio en busca de otra victima.
No había transcurrido media hora, cuando Renzo me visita cabizbajo y me dice .—! No me hagas preguntas, aquí hasta los hombres serios dejan de serlo!, pero mira:, salí a buscar unos cigarrillos y el tipo me paso por el lado y por mi madre , yo lo que vi fue una mujer bonita y sensual, y me aloque . ja ja ., para que no se molestara con mi risa le digo:— pero los hombres tienen derecho a equivocarse, ademas hemos hablado sobre el lugar en que estamos, y sobre las necesidades humanas.
Una tarde lo veo en el patio y en son de broma le comento, —Renzo, ¿en el ambiente no hay otra ronda romántica?, —Mira hijo de la gran puta, no relajes conmigo que nos damos 50 trompadas y 10 puñaladas, me responde, mientras resonaban las carcajadas .
No vi a Fredo mas, parece que su caso era leve y recupero pronto su libertad.
En la Victoria, pocos hombres se quedaron o mejor dicho, nos quedamos sin conocer los encantos del Ángel de la sensualidad, en ese cementerio de hombres vivos*.
lunes, 15 de junio de 2015
Anécdotas Carcelarias. Pechito,asesino de las hermanas Mirabal mi vecino en la Victoria.
De un anecdotario carcelario.
Uno de los crímenes más horrendos de la represión política en la República Dominicana, quizás el que más, fue el de las hermanas Mirabal, tan trascendente, que marco el principio del final de la dictadura de Rafael Trujillo Molina.
Los asesinos materiales de este hecho fueron apresados en su mayoría y uno de ellos, Viterbo Alvarez (Pechito) fue mi vecino en la cárcel de la Victoria (famosa cárcel Dominicana) en el pabellón llamado "de los bomberos" no porque los reclusos fueran apaga fuegos, sino por lo contrario. Como contradicción era una de las mas limpias y ordenadas.
De noche veía a Pechito sentado en una mesa plegable leyendo una biblia, degustando las enseñanzas del señor. Yo, por mi lado, dibujaba a todo aquel que se sentara al frente con la única condición que trajera una hoja 8 y media por 11 y durara un rato.
Esta fue mi primera escuela de dibujo, unos 800 dibujos y caricaturas adornaban las cabeceras de los agraciados.También los policías solicitaban mis servicios, aunque a ellos les cobraba $ RD.2.00 y con ese dinero podía comprar cigarrillos y dos comidas mas aceptables que la "gravilla" oficial.
Pechito me hablaba de la vida, el destino, el hombre, siempre adoptando un aire filosófico, queriendo demostrar lo que no era.
Hacía muchos cuestionamientos como buen calie (chivatos y denunciantes de opositores de la dictadura) y cansado de sus preguntas, un día le dije: prefiero oírlo a usted, me gusta como ud. habla, Pechito soltó una carcajada y se hinchó el pecho de orgullo, jamas entendió el tono de ironía de mis palabras.
Siempre me han llamado la atención los casos de los grandes asesinos, gangster, traidores a la humanidad ( como decía Jose Marti ) y de todos los que contribuyen a dañar el mundo, que terminan refugiándose en la religión y abrazados a una biblia, (en este lado occidental) como buscando el pasaporte a su descargo y borrón de todos sus crímenes.
Se llaman a si mismo "los convertidos" no se en que, porque continúan siendo los mismos canallas, ahora aprovechando la ignorancia de la humanidad.
Luego de un tiempo de haber logrado su libertad, y parado en una esquina con su biblia bajo el brazo, se acercan dos hombres con sendas pistolas al cinto y lo que parecía un encuentro de sangre relámpago se convirtió en un apacible diálogo de unos minutos.
Es bueno ejercitar la imaginación ¿ por qué no hacerlo sobre este diálogo?
— Pechito, ¿ tu en libertad?
— Sí, yo soy inocente de lo que se me acusó, pero ya cumplí.
—Tu eras de los hombres fuertes del SIM ( servicio de inteligencia militar).
—Sí, yo era del SIM, pero no participe en eso.
—Pero tus compañeros hablaron y lo dijeron todo.
—Hablaron, pero por presión, eso tiene causas atenuantes.
—¡ Vaya, pero hablas como Abogado!.
—Yo estudié en la cárcel, y les aseguro que soy inocente, solo Dios sabe........
—El problema Pechito es, que el no tuvo la cortesía de decirnos eso y tu debes pagar por ese crimen, y la cárcel no basta.
—¿Y que van a hacer ustedes, ya yo pagué injustamente, además, eso no es justicia.
—Los crímenes como el de las Mirabal, están mas allá de la justicia y de lo comprensible y lo que resulte mas allá, también.
Pechito quedó tendido cuan largo y ancho era, con su biblia al lado y como nota curiosa, una pistola Browning automática de 35 ml. que llevaba en la cintura quedó al descubierto.
Esto no es extraño en los asesinos de mujeres y niños y los que matan apoyados y protegidos por el poder, pues tienen un rasgo común que es la cobardía. Solo actúan contra indefensos y débiles, pero cuando tienen la verdad al frente, ahí demuestran toda su esencia*.
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