La niña que me mandó a estudiar a John Nash.
De un anecdotario pedagógico.
Elisa era una niña de 8 años alumna de un taller de artes y alfarería de un centro de educación especial . De semblante algo nostálgico, tranquila y muy adaptada a las tareas del taller, en varias ocasiones se le escuchaba manifestar rechazo a ciertas molestias mientras laboraba, " no molestes , ahora no, estoy trabajando", como estos roces entre los alumnos eran cotidianos, no les daba mucha importancia.
En una ocasión y en hora de merienda, momentos que yo aprovechaba para descansar, estaba sentado en el patio de la escuela, no muy a la vista, vi llegar a Elisa con un envase en dirección al lavadero en procura de agua, llegó murmurando algo, como hablando consigo misma .Tomó su envase ya con agua y se dispuso a retirarse, en el camino la ponchera le brincó de sus manos y se desparramó su contenido al tiempo que dijo:
—Ves, me botaste el agua, ahora tengo que volver, no juegues así, si vuelves no te hablo. La niña regreso de nuevo a tomar su agua, siguió murmurando y le oigo decir:
— Esta bien, en la tarde te digo, pero en casa. Todo esto con mucha naturalidad, pero el brinco del envase de las manos me dejo sorprendido.
Esta experiencia me indujo a dar seguimiento a Elisa, ademas de la inquietud personal sobre todo aquello que se sale de lo cotidiano.
Discretamente hablé con los demás profesores sin mencionar esta vivencia, una compañera me dijo en tono algo de broma, que la niña ve duendes pero su madre lo niega y dice que ella es así. Esto no me sorprendió conociendo la actitud de la mayoría de los padres y madres de estos jóvenes.
Pude palpar de cerca las conversaciones de esta niña con sus "duendes". Eran intercambios de palabras en variados tonos, a veces muy amigables otras un poco áridos o muy serios pero siempre con una naturalidad que espantaba.
Tenía conocimientos generales sobre alucinaciones y del caso del premio nobel John Nash. Trate de conseguir toda la información relacionada con este tema tan poco usual y me preguntaba y era mi mayor inquietud; las formas de manifestarse este fenómeno, se que de forma visual y auditiva pues los intercambios de palabras y ademanes así lo indicaban, pero ese brinco del envase de las manos como obra de una energía externa..., todavía sigo buscando información.
Me preguntaba y todavía lo hago; si la energía desatada en estos casos se puede materializar fuera de la mente de las personas que atraviesan por esta situación.

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