viernes, 14 de agosto de 2015

El recluso que no resistió la felicidad. 
De un Anecdotario Carcelario.

Tomas Bourdown era un recluso muy conocido en la cárcel de la Victoria en la República Dominicana, pues, cuando le preguntaban su nombre lo decía completo. Tenía un carácter muy expresivo pero extremadamente discreto con sus asuntos personales. Nadie conoció su caso judicial. De origen Holandés aparentemente no tenía familia en Santo Domingo. Llevaba ya varios meses detenido y aún no había recibido la primera visita.
"No he visto a Linda", decía, recordando a Daniél Santos.

Tuvimos mucha afinidad pues él tenía un parche Chino de bolitas al que llaman "el ajedrez de los no ilustrados". Ambos disfrutábamos ese juego y eran 20 o 30 manos de una tirada y en ocasiones dos o tres veces al día. 

Tomas, siempre que veía al policía mensajero parado en la puerta del pabellón preparado para pronunciar un nombre para visitas o cualquier otra cosa, hacía un alto y esperaba, obviamente deseando oír su nombre. Me imaginaba el drama mental de este hombre con un perfil de buena educación y por ciertos detalles, una persona de familia pero con mala suerte. 

Un día que amaneció nublado un policía vino a buscar a Tomas, el policía gritaba "Tomas Borcon,Tomas Bocon" evidenciando la dificultad para pronunciar su nombre. Tomas brincó de su cama y dijo: 

—¡Tomas Bourdown, ese soy yo, carajo, por fin¡. 

—Venga, que tiene visita, voceo el agente, Tomas se vistió su pantalón largo y salió como un niño en procura de un juguete, dibujaba en su rostro una risa que daban ganas de llorar. 

Después de un buen rato regresó con un paquete pequeño y un rostro de alegría como nadie lo había visto antes, fue tan solo llegar y me llamó.

—Ven infeliz, que te voy a dar una pela.

Fui mas por la curiosidad de saber de su esperada visita. Sin que le preguntara me dijo: 

—Un hermano, su hija y una prima, el se mantiene viajando y no vive aquí, es ingeniero y va a trabajar por un tiempo acá. Vuelve el jueves. Si quieres saber, vine al país a estudiar medicina,- me señaló. 

Mientra Tomas hablaba, noté que abría la boca como si estuviera buscando aire, y pensé que era a causa de la emoción, él sacó su parche y en mitad del juego decidió retirarse y se recostó, siempre dándome la impresión de que buscaba aire. 

Me fui a recostar pues un día de lluvia es el mejor momento para una cama.

Como a la media hora desperté y noté un movimiento extraño en el sitio de Tomas, un recluso estaba dándole masajes en el pecho, en el momento en que llegaron dos policías y alguien mas con una camilla, lo cargaron y le preguntaron al recluso que le dio los masajes que si era médico, y aunque contestó que no, que solo era estudiante, los policías le indicaron que los acompañara hasta la salida. 

Mas tarde decidí salir al portón a tratar de obtener alguna noticia sobre Tomas y su estado físico, no sin antes pedirle a Milton el preboste que guardara sus pertenencias. Luego de un buen rato vi a un policía que salia del área del hospital, lo cuestioné y me respondió que: 
—Parece que le dio un ataque: el enfermero lo está atendiendo pues el Médico no vino hoy, y el hombre esta muy amarillo. 

En la noche recibimos la noticia de que Tomas había muerto. La policía acudió al pabellón y preguntó si alguien conocía a su familia, por lo cual les informé que Tomas acababa de recibir visita y en los datos de la oficina tendría que haber mas detalles. 

A los dos días del lamentable hecho su hermano con unos policías visitaron su lugar buscando información y sus pertenencias. Me identifiqué con su familiar, hablamos y le informe de los detalles de ese día de la desgracia y de lo poco mas que pude decirle de Tomas. Él me explicó la causa del apresamiento de su hermano. Me señaló que Tomas estaba preso por un asunto menor de migración. Al retirarse me dijo que me quedara con el parche.

Tomas contribuyó a su desgracia, pues, si hubiera hablado desde el principio, se hubiera podido resolver su caso en poco tiempo. Los Abogados que nos atendían y a pedido nuestro, en varias ocasiones hicieron gestiones para casos de reclusos sin ninguna idea o facilidad para resolver asuntos jurídicos sencillos. 

Nunca imaginé que unos minutos de felicidad podían destruir una vida de manera tan fulminante. Todavía hasta el día de hoy tengo presente a Tomas, y mas cuando encuentro alguien con quien jugar parche de bolitas.

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